domingo, 6 de agosto de 2017

Medio sueldo.


Medio sueldo.

Si la rumanita de ojos verdes, que con vocación de semáforo está apostada en mi camino, supiera que por verle cambiar el color de su mirada yo estoy dispuesto a entregarle medio sueldo se mudaría de acera y me esperaría en la puerta del banco.

Tiene sus ojos sometidos a la tiranía de los sentimientos ajenos, y los míos son algo canallescos.

Me conmueve la hermosura de su mirada verde y paso indiferente ante su evidente tristeza por necesidad.

Hoy ha vuelto a suceder. Me miró. Le dí un euro. Diez pasos más allá me di la vuelta y le entregué un billete de mi cartera.

Esta tarde no gané un hueco en el cielo… ni lo pretendía. Además, por cincuenta euros no llegaría a la primera nube.

El resplandor de su rostro era tan blanco que la luna tuvo que hacer cola para alumbrar la noche, no la dejaba salir.

Ese fue mi premio, contemplar un eclipse de luna al atardecer, en el semáforo de la Gran Tienda.

Nunca vi ojos tan hermosos. Quizás se merecieran todo el sueldo. (Sin quizás.)

Buenas noches

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