martes, 8 de agosto de 2017

La Bruja


La bruja.


Cuatro palabras seguidas no son un tren, porque les faltan la locomotora y las vías. Ni una montaña se convierte en un río, si no hay un cauce y una pendiente por donde resbale el agua. Ni dos rosas forman un rosal, si no hay tallos y espinas.
Por semejantes razones tres sentimientos enfilados no hacen amor, si no está presente la pasión que les arrastre, la que roba la lejanía, si no hay una proximidad que encauce los afectos, si está ausente el embrujo que perfuma la ilusión de cada noche.
Porque tren, monte, rosa, pasión, afectos, embrujo, nunca serán elixir de amor sin la mediación y la magia de una bruja, y tú, amiga mía, aún no lo eres. A los rostros que te conozco niña, chiquilla, zagalona, mujer… a esos rostros aún les faltan las arrugas y las estrías a su alma.
La bruja que cocine estos mejunjes no sé si está en el pasado, en la esquina de la calle o en el por llegar. La conoceré al probar su caldo. Entretanto y para distraer la espera voy probando las limaduras de lo imposible que, por cierto, tienen sabor agridulce.

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