sábado, 5 de agosto de 2017

Andaba yo estos días con las tierras removidas


Andaba yo  estos días con las tierras removidas por culpa de dos poemas de amor con que me ha obsequiado una persona a quien aprecio. Ha sido mucho agua de golpe y las tierras sedientas se deben regar pausadamente para que no se erosionen o, lo que es peor, no se cuarteen al secarse.



Lo cierto es que, desde hace días, venía con el alma un poco encogida y el ánimo con mucho olor a tierra fresca. Me había hecho el propósito de sacar de paseo al corazón y que le diera la primavera un empujoncito en su parado caminar.



Por aquí y por allá, por cualquier rincón de la casa, aparentando descuido donde no lo era, estaba dejando esparcidos y como abandonados bajo promesa de lectura los cuatro libros y pico de poemas que tengo y los apuntes de los chats de poesía, donde ¡oh, misterio!, parece que sólo hay poemas de amor.



Sobre la mesita de noche del dormitorio puse: "50 Poemas del Milenio", en la mesa del comedor "Las mejores 1000 poesías en lengua española", la "Noche oscura" de S. Juan de la Cruz y las "Rimas de Becquer" en la mesita de revistas. En mi corazón, por ser un regalo, poemas de Wislawa Szymborska, y en la estantería, señalados pero sin sacar los de Benedetti, Neruda. No tengo más extraños.



Aparte, junto a la puerta, revueltos como manojos de llaves siempre están los paisanos, o los que tuve cerca de la esquina: Lorca, los hermanos Machado, Altolaguirre, Rafael de León. En el rincón de los malditos yacen los que me hicieron sufrir, mis profesores de literatura.



Este despliegue estratégico de papel no había conseguido hasta ahora que comenzara mi paseo por el amor escrito. Por el contrario recibí las quejas de mi hija:



"Tienes la casa sembrada de libros, se te van a perder, cualquier día caerán a la basura"



Cuando llegué ayer a casa me dije: "Hoy es el día". Pero... me esperaban los pensamientos para el paseo vespertino y lo hacían en la mismita puerta. Daban pequeños saltos para llamar mi atención. Rivalizaban con mi perro en hacerme zalamerías. Creo que tenían miedo de que me sentara, tomara cualquier libro y cumpliera mi programado propósito. Con  tanto salero me cautivaban que ¡hale! echamos a andar todos revueltos pensamientos,  perro y yo.



No más de veinte pasos después tenía otra vez entre ceja y ceja los dos poemas de amor que me habían enviado. Recordaba que conteste de inmediato algo así como:



"Es lo más tierno que he leído últimamente. Si alguien me dijera esas cosas moriría antes de mañana"



La que aprecio no recogió el guante, porque no se debe hablar de lo que pertenece al callar, y más rápido aún contestó:



"...Esta noche te presento a la persona que los escribió, ¿vale?



No sé por qué apostillamos con "vale" a lo que no sirve. Evidentemente la respuesta no servía a mi velada insinuación de la mañana. A todas luces también ella me aprecia, no quiere que muera antes de tiempo.



El caminar nos llevó por el borde de la laguna, por el parque infantil sin niños, muerto de nostalgias, con cuatro hojas caídas meciéndose en los columpios, por la puerta de la panadería donde huele a gloria hasta la sonrisa de la panadera, por la esquina del cafetín de mis queridos viejos.

Termino el paseo y mi encuentro con el amor queda como tarea pendiente para mañana.



Voy teniendo ya tantos asuntos pendientes que voy a solicitar que me concedan una prórroga de vida, pero no la quiero al final, la pido para que la intercalen ahora, cuando todavía siento que mis entrañas necesitan salir y orearse cuando llega la primavera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario