jueves, 10 de agosto de 2017

A uno que se va


A uno que se va

Ante la casi certeza de uno que se va, en los momentos previos a levantar la pasarela y levar el ancla, plantaría cara al viento, con el tesón suficiente, ni tan poco ni tan mucho, con el justo, para que el viento no pudiera hacer su trabajo, hasta asegurarme que no arranca milanos de ansiedad de lo que se queda.
Luego, le acompañaría hasta el horizonte merodeando la quilla como delfín y echaría mano de ese plus extra de fuerza que tienen los que han nacido en el corazón del mes de Abril para reforzar la esperanza en que la marea ahora iniciada tiene ida y tiene vuelta, para no tener que recitar amargamente aquello de:

Enlazar amigos para perderlos
Qué gran locura,
Perder lo que de ti se va con ellos,
Qué despilfarro,
No seguirlos como la estela al barco,
Qué desatino…”

Le contaría algo más pero he de recuperar el sueño. Son las tres de la madrugada y a las siete he de ir a trabajar. Sólo me queda desvelo para darle un saludo de bienvenida.

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