lunes, 31 de julio de 2017

No sabes volar


No sabes volar"


Dicen que no sé volar. Quizás lo digan porque no abro bastante las alas cuando desciendo de los picachos, o porque pierdo con facilidad la onda de cualquier corriente térmica con la que me cruzo.
No sé por qué me lo repiten cada dos por tres, como tañido de campana en días de fiesta.
Es cierto que abro las alas con manifiesta desgana, y que quizás hayan observado que no me enfrento con las ventoleras, que huyo de los remolinos.
Dicen que no sé volar. Y miran para otra parte del cielo. No sé con quién me comparan, ni si lo afirman porque no subo hasta el límite de mis pulmones, allá donde la falta de oxígeno y la vana locura del intento me harían perecer.
Puede que lo digan aquellos que sólo miran hacia arriba.
“No sabes volar”,- hasta yo lo acabaré creyendo.
De nada sirve imitar al jilguero y no separar demasiado mi cuerpo de la hierba seca, ni al parecer tiene mérito para quienes me observan el que levante el vuelo al modo de los pájaros de acero. No reparan en mi plumaje, ni en el trino, sólo sentencian que no sé volar.
Nadie se preocupa por dónde construyo el nido, ni por la perfección de su entramado, ni por la seguridad de su colocación, ni cuántas veces le sobrevuelo. Sólo me quieren ver arriba, en las altas peñas, de donde luego dicen que no sé volar.
Cómo desconocen el arte de hallar los entresijos que quedan vacíos entre los vientos, el dejarse llevar, el viajar por donde pocos lo hacen.
Qué poco valor tiene para ellos, para mis censores, el pinchar con el pico las palabras hermosas que se pierden en el aire, porque no encuentran los oídos para los que se pronunciaron.
Si el reproche viniera de unos cazadores no me importaría demasiado, con guardarme de la perdigonada podría ignorarlos. Pero, no. En esta ocasión es algo más íntimo, tiene pintas de provenir de graznidos de pájaro de mal agüero.
“No sabes volar”, “No sabes volar”, “No sabes volar”, es el veredicto que lleva de un lado para otro el eco de todos los vientos. De tan repetido, de tan gastado, ¡hasta yo lo creo!

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