sábado, 29 de julio de 2017

Los almendros


Ayer, cuando iba caminando hacia los montes con mis pensamientos por delante, como siempre, recordaba al ver los almendros que lo último que te escribí desde la alegría fue el 18 de enero, con motivo de un viaje a Sevilla.

Entonces iba en coche y los almendros ya habían florecido.¿Lo recuerdas?



Después del invierno y casi acabando la primavera volví a recordar aquellos momentos y te escribía algo parecido a esto:



“¿Viste la nieve colgada en el barranco? ¿Y el rocío cubriendo la rosa en el rosal? ¿ Cuándo cortaste por última vez una azucena en el campo? Pues siendo todas esas cosas bellas más bonita debes ser tú, mujer que desconozco.

Como llegaste a mí por la palabra no tengo celos de quien te besa, sino de quien te habla. Quiero todos tus sonidos y tus silencios, deseo apropiármelos, robártelos si no me das otra opción.

He reservado en mi barranco cuatro almendros para que te den flor en Enero, mientras el agua del arroyo te contemple desde la honda quietud de las adelfas.”



No sé por qué te relaciono tanto con los almendros en flor...



Ayer no recordaba este trozo y volví sobre el mismo tema. ¡Este pensamiento mío…va por donde quiere!



Al llegar a la venta de San Cayetano escribí sobre una tarjeta de visita lo siguiente:



“Hogaño señalé cuatro almendros junto al arroyo para ver, junto a la Aurora, cómo blanquean el barranco en enero.

Aun no han florecido y ya le tendí mi brazo para que se acercara a ellos.

¡Qué impaciencia… por tener su cálida mano sobre la mía, palma con palma!



Como verás el camino hacia los verdiales da para todo….



Buenos días


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