sábado, 29 de julio de 2017

La garganta de aquel desfiladero


La garganta de aquel desfiladero era tan angosta que no cabían en ella dos voces juntas. En cuanto  la mía se armó de un poco de valor intentó cruzar al otro barranco. Antes de que pudiera convertirse en eco se fracturó y cayó al rio. La pobre no tuvo tiempo de contarles ni palabrita. Todo se lo llevó el agua entre los murmullos de las piedras encajonadas en el lecho. Dicen los lugareños que ni siquiera el ay de la caída se lo llevó el viento. En cuanto sea posible habré de echar mano de la segunda voz que guardo para las emergencias.     

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