sábado, 29 de julio de 2017

En el sitio de siempre


EN EL SITIO DE SIEMPRE



La plaza redonda de mi barrio es la mesa donde todos hemos jugado nuestras partidas de ensueño, sin más limitaciones que las protestas de los vecinos de la acera de enfrente cuando se nos iba la pelota desgobernada.

Hoy, después de crecer unos años a sus espaldas, he vuelto mis pasos hasta ella. Tomé asiento y esperé que alguien me diera mano en alguna partida. Acepté las cartas que me repartieron y dije que estaba servido. No quise hacer ningún cambio, aunque tampoco iba de farol. Miraba alrededor y me veía extraño en mi tierra.

Enfrente tenia una pareja de palmeras. A la derecha sospechaba un trío de naranjos. Por la izquierda, ¡ay la izquierda!, aunque presumía de escalera  no era de color, más bien era de desilusión.

Cuando me llegó la hora de descubrir mi juego simplemente dije. “¡Perdí!”. No necesitaba decir más. Estaba sentado en el banco de piedra de siempre. Mi mano era de cinco dedos,( ¿repóker de dedos?) Pero al colocarlos arqueados sobre la piedra para tocar una sonata sobre los tuyos, solo sentí el rugoso frío de la piedra. No encontré tu mano esta mañana. Por ello era inútil levantar las cartas. No ganaría la partida en ningún caso.

“¡Perdí!” dije  de nuevo ya levantándome, sin forzar el tono de las palabras. Un último movimiento buscando tu ausente mano y me levanté de la plaza. Atrás quedó el descarte de palmeras y naranjos Arriba revoloteaba la paloma de siempre.

¿Para qué descubrir mi juego si tu mano no estaba en el banco de granito? En esta ocasión mi as de corazón era un perdedor. Escaleras abajo encontré  a los de la izquierda. Estos ni jugaban. Se entretenían con su escalera de ilusiones.



-¿Una cerveza?- Sí, vamos.... Mi acompañante es socio de la misma peña pero no entiende de juegos.... Entre los dedos de mi mano sólo estaba el hueco de los tuyos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario