jueves, 27 de julio de 2017

Cuando te rebelas.


Cuando te rebelas gritando que te he leído mal,
cuando callas, y me dejas afrontar en silencio
la duda de si te entendí bien.
Cuando te digo que estoy en la garganta del Cares
y tú me respondes que ya subiste a Urriellu.
Cuando cinco minutos los conviertes en dos horas,
no hacemos otra cosa que acercar, y alejar, y distraer,
y confundir nuestras realidades,
porque la cárcel donde me encuentro y te admiro,
es el lugar recóndito de donde no puedo salir
y, aunque yo clame en lo oscuro, no puedes entrar.

Gritos y silencios, soledades de montes, refugios perdidos,
tan sólo son, y es bien que así sean, los cinco minutos
de mi vida que te regalo en este escrito.
No me queda más tiempo, ni siquiera para borrarlo

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