viernes, 31 de mayo de 2013

El sonido de un portazo.

A veces, cuando cerramos una puerta nos invade la inquietud de que no nos quedamos en la parte buena, que preferíamos estar en el otro lado, en la otra habitación, en el pasillo. Todo el miedo desaparece si tras la última puerta cerrada abrimos una calle. En ese instante mágico de lucidez percibimos que el calor del hogar nos hacía humanos. En la calle nos olvidamos de quiénes somos, vivimos la precariedad del paseante, y pronto buscamos abrir otra puerta para encontrarnos. Siempre nos lleva el sonido de la primera puerta dejada atrás, el ruido del silencio interior que sigue a su cierre. Hasta volvemos la cabeza creyendo que nos alcanza por la espalda.

jueves, 30 de mayo de 2013

Hoy me duele tu recuerdo.

Hoy me duele tu recuerdo. No como si fuera el cuchillo en una herida abierta, no. Es un dolor más pesado. Algo así como si fuera un nudo en la garganta al comer un membrillo verde. Me duele como un bocado inesperado en el labio. Hoy no es tu recuerdo el vuelo de un pájaro que se esconde en el zarzal. No es una sombra ingrávida, ni un perfume, ni un verso. Hoy es…¡ que me duele de verdad, ea¡ Me arde el pecho, el corazón. Hoy me duele tu recuerdo, sin remedio, sin cura, sin ungüento que me sane. Me duele porque va creciendo por momentos, inflándose como un globo, apretándome las entrañas. Hoy sí que me gustaría verte.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Cosas que nunca se olvidan.

Me da pena que se perdieran en mi casa los tiempos de cocción de la abuela, medidos en el sin reloj de las antiguas cocinas. Eran verdaderos sacramentales, ya que mi abuela siempre medía en padrenuestros y avemarías. Me apesadumbra como un arroyo sin agua, como una caña sin los chorizos y morcillas al oreo, como un abuelo que llora sin humo de chimenea, sin cuentos.

sábado, 25 de mayo de 2013

Mi alma da a dos calles.

Mi alma da a dos calles y en la arista medianera entre ellas voy a poner un balcón de esquina para recoger todos los aires, los que venga de la calle Realidad y los que empujen por la calle Ficción. De parteluz pondré en el balcón una biznaga y los ventanales serán de libro. Para defenderlo un matacán en la segunda altura. Cuatro gárgolas, las más espantosas, utilizaré para que por ellas desagüen los sentimientos de todas las lluvias. En todo lo alto una crestería de encajes de piedra. Más arriba el mundo de las cigüeñas. Cuando estas salten del tejado pinchando el cielo, con el hatillo de mis sentimientos colgado de sus picos, nadie sabrá si es niño o niña, ficción o realidad. Y donde quiera que lo depositen brotará la incertidumbre y la emoción de lo más tierno y hermoso de mi alma….que da a dos calles.

jueves, 23 de mayo de 2013

Borrador del "Cuento de la nieve", para ser contado al revés.

Oigo decir, con espanto, que la nieve blanca es fría pero que su roce quema. Aquellos que conviven con ella así lo cuentan. Yo soy incrédulo de muchísimos años, nunca presto excesiva atención a las consejas. No tuve nieve de las montañas a mano que me hiciera dudar. “No puede ser, no puede ser”, refunfuño obstinado. Una persona amiga se duele por esta incredulidad. Un día, estando distraído, decidió curar aquella obcecación y tomando mi mano la introdujo de improviso en el agua del arroyo. “Tócala”, dijo con un poco de enfado. “Ah, esto no es nieve”, respondí. La persona amiga sonriendo me soltó. “Espera un poco. Si tienes paciencia, toda la nieve de aquel pico pasará entre tus dedos. Conocerás su frío y aprenderás el dolor que produce el roce cuando la ciernes entre tus manos”. Quedé allí cavilando y sintiendo por primera vez lo que negaba conocer. Desde entonces no faltó día que no bajara al arroyo, más que nada por aumentar mis conocimientos. Cada semana mis manos eran más blancas y más gélidas. Aseguraban quienes me veían que pronto serían de nieve. Con tanto sube y baja noto que se me está yendo el caletre, aunque algún día que otro vuelvo de mi natural juicio y exclamo: “No puede ser, no puede ser. No reconoceré la nieve, aunque quede manco” Todos los cuerdos saben, cosa que me consuela, que la nieve es roja y caliente y brota del corazón. Nadie lo pone en duda, menos quien esto escribe, al que robaron el seso de tanto rozarse con el agua blanca y fría, a la que llaman nieve los locos que viven más arriba, allá cerca de los picos de las montañas. Ha pasado bastante tiempo anegado en la misma duda. De vez en cuando, cuando se me vienen las ganas, bajo despacio al arroyo, a buscar el agua que pasa, con precaución de no resbalar y que por la herida se me escape un poco de nieve roja y caliente. Al decir de la persona amiga, entrar en razón me cuesta tiempo, al menos un par de trienios y algún quinquenio.

Disparate para fantasma de una sola sábana.

¿Por qué tocas en mi puerta? Me aterra cuando insistes. ¿Acaso no te dijeron que mi casa esta vacía? Me enloquece tu llamada. Veo el sonido de tus golpes cruzar la habitación buscando un mueble donde rebotar y atenuarse. No me atrevo ni a mover un dedo para que no llegues a saber que estoy aquí... esperando. ¡Cuánto deseo aquello que me espanta! ¿Qué quieres de mí? ¿De dónde viniste? Porqué fisura te colaste de rondón diciendo: “Aquí llego. Vengo por ti. Déjate llevar” ¿Estoy soñando y ni siquiera has venido, ni se te espera, ni quieres llevarme? Aquí ya no hay muebles, ni personas. Sólo quedo yo, fantasma sin cuerpo y sin alma. Fantasma de una sola sábana, aire dormido de esta casa. ¿Quien te engañó para que vinieras? ¿El poder de unas palabras? ¿Su debilidad? ¿Te las encontraste de frente o de pasada? Me rebrincaron las entrañas cuando mandaste los primeros poemas, se revolvieron los recuerdos cuando el buzón de correo dejó de estar vacío. ¿Qué quieres? ¿De dónde vienes? Soy un condenado a vivir en la solitaria pena de saber que teniendo agua he de morir de sed porque no puedo beberla, pero tú ¿porqué tan sigilosamente te me acercas? ¿Que haces cerca de mi brocal? Me aterra cuando insistes y ¡cuánto deseo lo que me espanta!

miércoles, 22 de mayo de 2013

La cabaña.

Echo de menos el calor tibio de la cabaña, la tirita de frio que siempre entraba por la rendija de la puerta que nunca sellamos, la gata corriendo en la "tená", el olor de la hierba seca, la lumbre y mi banco de madera, el humo de la chimenea y tus cálidas palabras, tus silencios. ¡Cuanto añoro tus silencios en la medianoche, los intermedios de cada frase, el tartamudeo de lo que adivinamos antes de oírlo! Tengo los pies húmedos de cortar la hierba y en el alma se pegan briznas verdes. Cuentos. Solo me abrigan los cuentos contados al revés. Este invierno será muy frío, vendrán las nieves antes de Navidad y rodando llegarán las historias. Todos los montes nevados tienen al menos una historia, una estrella, una blancura, un mar derramado en su cumbre. Me reconforta el aliento de la cabaña. Solo cinco días de caminar solo y ya me es familiar el sonido de los pasos. Aunque el balcón esté lleno es inevitable que me agache por otra vez y lance la piedrecica al cristal. ¡Qué más da si me viera el señor guardia, él no sabe de lo que estoy hablando!

Remirar.

Nunca deberíamos decir: “Te devolvería una sonrisa, pero ya no me quedan”. Que nadie lo repita sin mirar, sin rebuscar en la guantera del coche. Pudiera ser que entre cosas olvidadas tuviéramos allí, en reserva, un paquetito de sonrisas de papel. La niña vino corriendo hacia su padre mientras le gritaba: “¡El mar, el mar ya no es mi mar!”. El padre, a quien aún le quedaba una sonrisa, la cogió al vuelo, la estrechó entre sus brazos, le dio la vuelta y la puso mirando a las olas. No le dijo nada. No hizo falta. Podremos empequeñecer el mar hasta meterlo en un plato llano, pero nunca recogeremos su color, no hay cedazo que cierna todo el agua, sólo quedan gotas blancas entre su malla. El mar es blanco. Las olas azules, hasta que se rompen. Me quejo de la arena aprisionada entre los dedos de los pies, de los cariños encerrados en el corazón, de los pensamientos que anidan más arriba. En definitiva, ¡no soy marinero! Vivo junto al mar, duermo junto a él, sueño desde el acantilado, paseo por el rebalaje, conozco sus sonidos, pero no tengo un arpa que se estremezca con el juego de mis manos, ¡no soy marinero! Sólo Dios separó las aguas de arriba de las de abajo y las llenó de lo creado y vio que era bueno. Él sí, ¡Él era buen marinero!

martes, 21 de mayo de 2013

Tengo los ojos clavados.

Tengo los ojos clavados en la montaña que nos separa. De este lado y del tuyo el mismo arroyo que la bordea, el ruido del agua escondido entre adelfas, el silencio que se aletarga a su paso. Con la mirada fija en la cresta se me nublan los ojos, tiemblan, y pierdo el camino por donde siempre te derramas. En la espera se hielan los humedecidos pies de estos ojos que aguardan.

lunes, 20 de mayo de 2013

SEÑORA MIA.

Buenos noches tenga usted, señora mía. Cuando abra su balcón lo verá lleno de piedrecicas. No piense en las urracas, ni en otros pájaros de mal agüero. Ellos no fueron, que fui yo, quien cada mañana lancé una contra el cristal de su ventana, por saber si estaba usted, por conocer de su genio. Son tantas las que puse que ya rebotan y caen en la carretera. El señor guardia me vigila y me tiene advertido. La cosa es que si paso por la acera de enfrente ya no la oigo, y entonces mis palabras parecen ecos de ellas mismas, suspiros del viento. Así que, señora mía, le suplico que haga hueco en su balcón, y esté segura que yo le lanzaré cada noche mi pañuelo, aunque me lleve preso el alguacil municipal. No me importa que lo cuelgue de su chimenea y el humo lo convierta en bandera pirata. Siempre llevo conmigo la ilusión de que un día la sobrevuele, como gaviota blanca, y ya no hará falta más piedrecicas que emprendan el camino de mi corazón a su ventana.

domingo, 19 de mayo de 2013

Palabra de honor.

¿Qué es lo que me puede apartar la mirada de ti. ¿El fútbol? ¿Facebook? ¿La lectura? Haz un esfuerzo de sinceridad y descubre lo que me puede separar de ti. ¿Te ayudo? Lo afirmo: ¡¡Nada!! Eres el orbayu que refresca mi rostro, el rocío de todas mis madrugadas, las palabras que nunca quieren aflorar, las sonrisas que vuelan sin retorno. ¿Quién puede quitar el verde a la montaña desde la que te admiro? Eres el nombre de todo lo que me importa. Sólo Cáceres resiste dormida entre sus piedras y ya no queda tiempo para excavar sin sentido. Unam ex pluribus, ¿recuerdas? Así es, de verdad. Palabra de honor.

Se me perdió tu canción.

Compuse una canción para ti, apresurado por el escaso tiempo que me otorgaba tu ausencia. Con la bulla no cerré bien los compases y al ponerla sobre los peldaños de la escalera de tu casa se fueron cayendo las notas del pentagrama. Ahora estoy aquí sin saber cómo unir estos sonidos inutilizables y ya comienzan a volar empujados por el viento que baja de la montaña. Si puedo te silbaré para que me ayudes a recogerlos.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Cada soledad tiene su propio silencio.

Cada soledad tiene su propio silencio. El banco abandonado en la umbría del parque, un paraguas colgado en el trastero, la ropa de invierno en el armario, aquellos recuerdos que nunca nos abandonan, todos esperan callados su propia compañía. Los silencios pudren todas las soledades hasta que van cayendo heridas por el tiempo, abandonadas, sumidas en el desamor de los olvidos, siempre esperando despertar de sus letargos.

Carambelos al neñu, carambelos.

¡Carambelos al neñu, carambelos,
Al neñu que ye l’allegría del vieyu!
Entrególos el vieyu y arrincó un sentimientu
de malura, tristura n’el corazón.
¡Carambelos al vieyu, carambelos,
Al vieyu que ye l’allegría del neñu!
Entrególos el neñu y esgaloyó.

martes, 14 de mayo de 2013

MARINERO, LANZA LAS REDES.

Me corroían las entrañas. Era incapaz de digerir aquellas palabras duras, mezquinas si las miraba desde el lado del corazón. Eran agua caída por la catarata de la sinrazón, sin tiempo para acomodarse como río, espuma salvaje, remolino, sonido cascado, fuera de tono, desafinado. Miré con los ojos rebosando desengaños y el agua pulverizada subió hasta el primer cielo donde habitan las incomprensiones. Poco después aquella nube, su arco iris, fue descendiendo lentamente hasta depositar todo su peso sobre mi cabeza. En pocos instantes me convirtió en palillo de algodón dulce, pero no había allí cerca una feria donde alguien me quisiera comprar, ni desde la inválida quietud podía alejar de mí el vaporoso sueño que coronaba mis sienes. Y no encuentro solución para hacer recoger el agua derramada, no hay río que vuelva sobre sus pasos. El mar se aquieta después de la tempestad, el viento barre, antes o después, todas las nubes, pero dónde está el impulso que detenga el río bajo el puente? Hay frases que nunca debieran pronunciarse, porque hay caminos muy angostos donde ni los ecos pueden girar y emprender caminos de vuelta. Esta tarde llovía sobre Covadonga y mi alma se mojaba. Ni la cruz del puente de Cangas de Onís me retuvo. La nube de algodón se escapó hasta los lagos, y fue dejando sobre el asfalto la humedad de muchos ojos. Abajo el Sella siguió buscando la mar. Le llevaba muchas frases en su corriente. ¡Quién las pudiera pescar! ¡Marinero, lanza las redes!

lunes, 13 de mayo de 2013

Me clavo en tu sombra.

Al levantar el sol de la mañana acudo a tus pies y me clavo en tu sombra para estar más cerca, para aprender de ti, para recoger las migajas de tu donosura, y así me tienes todo el día, preso de tus miradas, como un Cristo yacente, inmóvil, y con los ojos prendidos en la puerta de la Gloria, esperando el relevo de la noche.

Tu recuerdo como bloc de notas.

Ahora que te fuiste voy a tomar tu recuerdo como bloc de notas. Cortaré, cruzaré, borraré aquello que nunca me gustó oir. Luego lo pondré sobre el pecho y sospecho que será un calco del mío, cuando le quite lo que nunca debí hacer, pensar o decir. Tu recuerdo y el mío son el anverso y reverso de la misma ilusión.